La primera ley del movimiento de Newton, traducida del latín, se puede enunciar como sigue:
Todo cuerpo conserva su estado de reposo o de movimiento rectilíneo uniforme, a menos que esté obligado a cambiar ese estado por efecto de fuerzas que se apliquen en él.
La primera parte de esta ley parece razonable y está de acuerdo con las experiencias de todos los días. Se sabe bastante bien que los cuerpos en reposo permanecerán en reposo hasta que una fuerza externa cause un movimiento en ellos. Cualquiera reconoce estos hechos. Surge gran consternación cuando, como sucede algunas veces, una persona pretende haber visto un cuerpo moverse sin fuerzas aparentes que estén originando su movimiento. Los físicos, junto con la mayoría de las personas razonables, aceptan esta parte de la ley como evidente en sí misma. Esto se enuncia como sigue:
Un objeto en reposo permanecerá en reposo a menos que una fuerza resultante distinta de cero actúe sobre él.
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